El escáner láser terrestre mide en 360 grados desde una posición fija y luego cambia a otra ubicación asegurando un traslape. Posteriormente, cada una de estas estaciones se une con las vecinas hasta conformar una sola nube de puntos continua.
El escáner móvil, por su parte, captura los datos mientras el operador camina. La posición y trayectoria se resuelven mediante tecnología SLAM, que va comparando lo que el sensor observa en cada instante con su entorno inmediato, logrando posicionarse sin necesidad de depender de señal satelital ni de referencias topográficas.
La elección entre uno u otro es un balance entre el nivel de detalle y el tiempo en terreno. El equipo estático entrega la geometría más fina y precisa, mientras que el móvil logra cubrir en una hora lo que al otro le tomaría un día completo. Por esto mismo, en muchos proyectos ambas tecnologías se combinan, utilizando el escáner móvil para el levantamiento general y el estático exclusivamente en los sectores donde hace falta el máximo detalle.

